Durante gran parte de los siglos XIX y XX, la circulación de documentos entre países era un auténtico problema diplomático. Un simple certificado de nacimiento o un poder notarial debía pasar por un calvario burocrático:
- Legalización ante autoridades locales.
- Legalización ante un Ministerio de Asuntos Exteriores.
- Legalización en la embajada o consulado del país de destino.
Este proceso era largo, costoso y provocaba innumerables errores y fraudes. En un mundo cada vez más internacionalizado —migración masiva, aumentos en el comercio, movilidad académica— era evidente que la legalización consular ya no servía.
La Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado (HCCH), fundada a finales del siglo XIX, experimentó una profunda transformación después de la Segunda Guerra Mundial:
el mundo buscaba estándares, cooperación y normas comunes.
Llevaba décadas trabajando en tratados que facilitaran la cooperación entre países. Pero en los años 50 y 60, el impulso por modernizar el derecho internacional privado cobró una fuerza inédita.
Entre 1950 y 1970, la HCCH vivió una época altamente productiva, gracias en parte a una figura decisiva: Georges Droz.
Droz estaba convencido de algo revolucionario para su época: La cooperación jurídica internacional debía ser simple, universal y accesible al ciudadano común. Defendía que los Estados debían confiar entre sí, al menos en lo básico: la autenticidad de las firmas y sellos de los documentos públicos.
Aunque el Convenio de 1961 se adoptó antes de que él fuera Secretario General, Droz:
- participó en los trabajos preparatorios,
- aportó doctrina y análisis que sustentaron la idea de simplificación,
- reforzó la visión de eliminar la legalización diplomática,
- promovió durante décadas la adhesión y aplicación correcta del Convenio.
El Convenio de 1961 es, en buena medida, fruto del clima intelectual que él ayudó a crear.
El 5 de octubre de 1961, delegados de varios países firman el Convenio que suprime la exigencia de legalización de los documentos públicos extranjeros
El documento introduce algo totalmente nuevo: la Apostilla, un certificado único, emitido por una autoridad competente, que sustituye la legalización local, legalización por ministerios y legalización por consulados, por un solo acto administrativo.
Fue un giro histórico: por primera vez, un documento podía circular internacionalmente con solo un sello.




